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LA PASIÓN SUECA DE FAULKNER- Aporte de Antonio Marín Segovia

En diciembre de 1950, el escritor viajó a Estocolmo para recibir el Nobel de Literatura. La noche de su llegada conoció y se enamoró de Else Jonsson, a quien envió cartas eróticas que ahora han salido a la luz
La pasión sueca de Faulkner
ABC William Faulkner, escribiendo en su despacho

Lunes , 25-01-10

«Te amo, pienso en ti cada instante, quiero conocer cada milímetro de tu cuerpo, volver a sentir el sabor de tus labios, de la cavidad de tu ombligo... quiero que me enseñes todas las formas de hacer el amor en Suecia». En diciembre de 1950, el escritor norteamericano William Faulkner viajó a Estocolmo para recibir el Nobel de Literatura que le había sido concedido el año anterior. La misma noche de su llegada a esta capital, durante una cena ofrecida por el editor Kaj Bonnier en su domicilio, conoció y se enamoró perdidamente de la sueca Else Jonsson, viuda hacia cuatro meses del jefe de Cultura de Dagens Nyheter. La atracción fue mutua y al día siguiente, tras un almuerzo en el Hotell Aston y un paseo «por un día gris de invierno», se unieron en un beso que hizo vibrar a los cuerpos celestes y fue el comienzo de una gran pasión. Una pasión secreta y excitante, un terremoto sentimental que duró nueve largos años hasta la muerte del autor de «El ruido y la furia».

Condena y paraíso
Durante esos años la pareja vivió con ímpetu su locura de amor, un amor erótico y totalizador tan ardiente como sexual, en Estocolmo, Oslo, París y otras ciudades europeas. Ahora se ha hecho público «el intenso y secreto arrebato de los sentidos», gracias a unas cartas que el Nobel escribió a la sueca a lo largo de su relación. Unas cartas eróticas, con larga y serpenteada prosa, que expresan ese «fuego y herida abierta», alentados con palabras eróticas que resaltan los impetuosos sentimientos de Faulkner como una de las experiencias más bellas que un hombre puede experimentar en su vida.
El escritor califica su delirio amoroso como condena y paraíso. Describe cómo besa el cuerpo desnudo de su amada y su obsesión por «permanecer juntos hasta que no haya una sola partícula de tu fisionomía desconocida para mí». Sobre Else Jonsson (quince años más joven que él) cuenta que es una bella dama de brillante cabello rojizo, ojos verde-grises, aspecto fascinante y un cuerpo provocador, digno de una Venus. Es fascinante tanto el lenguaje como el contenido de esos papeles guardados por Else, repletos de adjetivos sexuales en inglés y en sueco, que Faulkner aprendió de su amada durante los más intensos momentos de su relación.
Unos textos suprasensibles en los que el autor pide a la viuda que le enseñe cómo se hace el amor en Suecia, además de afirmar de que con ella «quiere probarlo todo». Las cartas dan prueba de las aficiones literarias de un autor que, aunque sólo escribió un libro de poemas, tenía alma de poeta. Ofrecen además información sobre los últimos años de Faulkner, de sus problemas personales, los periodos en los que se entregaba al alcohol y su aspiración de terminar su carrera literaria con una obra magna.
A la primera carta, con fecha del 15 de diciembre de 1950, le siguieron otras trece. La última data del 8 de diciembre 1959. William Faulkner, que, pese a tener otras amantes paralelas, nunca olvidó a la nórdica, seguramente porque fue la única mujer que le aceptó como era sin imponerle condiciones, murió dos años más tarde (6 junio 1962). Tres días antes de morir envió a su «pasión sueca» el manuscrito de su último libro, «The Reivers».

Comentarios

  1. Todos queremos vivir una gran pasión, un amor total y absoluto, con tintes de locura... pero eso significa una entrega completa y de dos... algunos lo consiguen. Otros preferimos un amor que sepa combinar pasión con ternura.

    Antonio Marín

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  2. MUCHAS GRACIAS, POR COMPARTIR. MIS RESPUESTAS ESTÁN EN
    http://amalialateano.blogspot.com
    Un besito
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  3. SUSCRÍBETE A comentarios.
    FELIZ FIN DE SEMANA
    UN BESITO
    AMALIA

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